La vigencia nacional del liberalismo

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Artí­culo de opinión por David Francisco Nani

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No existe ninguna teorí­a perfecta, todos los abordajes de la realidad son por definición inacabados y falibles, aproximaciones, nada más, por eso debemos rechazar el dogmatismo y siempre ser crí­ticos de toda teorí­a o ideologí­a; así­ discursaba un filósofo español tiempo atrás en una conferencia publicada en internet. Entonces, ¿Qué hace a una postura más defendible que otra? Dos elementos claves son las evidencias y su uso coherente y consistente.


Retomemos los años 80. El Estado Gestor, si bien clave en algunas tareas, demostró falencias crecientes en otras, y para la época en cuestión era ya insostenible. Empresas deficitarias debieron cerrar al ser poco rentables. Y épocas más inmediatas terminaron de hacer evidentes esas debilidades. Así­, entre el 2000 y el 2007 adquirir una lí­nea celular era posible solo con el ICE, tras esperar meses y hacer filas kilométricas, al mejor estilo de Cuba o la ex URSS. El Estado grande le hací­a la vida muy difí­cil al ciudadano. Esto generó reacciones polí­ticas y el resurgimiento partidario del liberalismo (Movimiento Libertario).


La época del TLC fue escenario de confrontación. La victoria del Sí­ posibilitó que el paí­s continuara conectado al comercio internacional y le dijera no a un movimiento que usó la mentira. Porque nadie vendió la Isla del Coco, no quebraron ni la CCSS, ni el ICE, ni el INS, ni hay debacle ambiental a manos de empresas estadounidenses. Aquí­ el argumento opuesto al liberal, o sea el estatismo (que la coalición CAC del PAC eufemí­stica y mentirosamente llama “economí­a para la vida”), hace ya aguas.
A lo anterior podemos sumar que durante décadas la pobreza se ha estancado y muy pequeño impacto tuvieron más de 300 instituciones públicas. Los estatistas hacen juegos deshonestos y apelan a definiciones abstractas cuando se les cuestiona por el mal proceder práctico de las instituciones. El colmo es que conceptualizan como “argumento privatizador” a cualquier exigencia de cuentas. Y de cara a mejorar los malos rendimientos institucionales, ellos sugieren brindarles más recursos, así­, sin crí­tica ni evaluación, ¿Hay que premiar entonces al que hace mal su labor? Muchas instituciones son feudos sin Dios ni ley, funcionan para su propio beneficio y no el de la sociedad, urge un correctivo.


Y la actualidad torna palmario y perentorio el asunto. ¿Cuáles son los principales problemas nacionales? Desempleo, pobreza e inseguridad. Los dos segundos son en buena medida frutos del primero. Porque una población ocupada no delinque y logra cubrir sus necesidades básicas y, aunque con alguna dificultad inicial, en presencia de otros factores (una buena gestión de los recursos) puede ascender socialmente.
Sumada a dichos desafí­os se ubica la gran crisis educativa, producto de la cual se habla ya de generación y media perdidas. Facilitar trabajo a personas con muy poca o deficiente educación representa un reto que solo el mercado puede resolver. El emprendimiento es la forma en la que miles y miles logran poner pan en sus mesas sin ostentar un tí­tulo académico; no es el Estado regalando el dinero, no son las fundaciones de asistencia.


¿Quién genera empleos? El sector privado, por muchí­simo representa el principal empleador ¿Cuál es la ví­a para fortalecer a las empresas? Dejar de aprobar impuestos, disminuir tramitologí­as, favorecer las inversiones. Y la ecuación representa un procedimiento excluyente del estatismo, porque o se libera la economí­a y se deja a las personas trabajar, o se continúa la dinámica perversa que castiga al emprendedor, ¿Cómo resulta posible que el gobierno quiera ponerle impuesto al Sinpe? ¿O que hoy una panaderí­a pague impuestos al IMAS para que este mantenga a quien no trabaja?


Sin embargo, los estatistas insisten en recetas fracasadas. Ahí­ tenemos a una Claudia Dobles lí­der de la “Coalición CAC” (un disparate mediante el cual se oculta el PAC junto con todos sus robos, sus estafas y sus esqueletos en el armario), abogando por subvenciones masivas, claro está, sin decir de dónde sacará los fondos. Ahí­ tenemos a un Álvaro Ramos hablando de dar pensión universal y 100 mil bonos de vivienda. Asistencialismo barato, nada de esto soluciona los problemas, solo hace a las personas dependientes, aunque claro, atrae a votantes. Eso sí­, ni el CAC (PAC) ni el PLN tienen jamás la honradez de decirle al pueblo que la única manera de financiar esas piñatas de clientelismos y subvenciones es mediante impuestos y tramitologí­as (perjudicando al que produce).


Haciendo un resumen, no estamos ni en la Inglaterra del siglo XIX (donde se le limaba los dientes a los niños para que no comieran y trabajaran todo el dí­a), ni en la Costa Rica de 1935; para solucionar problemas no es época del Estado, sino del mercado. Las evidencias validan nuestros argumentos. Lo que la gran mayorí­a de los jóvenes, de las mujeres y de los desempleados quiere es trabajar, producir y sentirse útiles a la sociedad, no que los mantenga un Estado inmenso. Actualmente hay tres partidos liberales en la contienda electoral (Avanza, Unidos Podemos y Liberal Progresista), cuyas propuestas superan muchí­simo a las del PLN, del “CAC”, del FA y de Pueblo Soberano. Infórmese y decida bien.

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